En la Argentina hay un gran número de inmigrantes bolivianos, que llegaron a nuestro país en busca, principalmente, de trabajo. En Río Cuarto, en el Barrio Las Quintas, una comunidad boliviana trabaja y vive en Los Hornos. Un lugar en el que se fabrican ladrillos y, donde cada familia boliviana lleva adelante su vida, con sus costumbres y su historia.
Un poco larga es la distancia que separa al centro de la ciudad de Río Cuarto con el Barrio "Las Quintas". Pero aún más, es la distancia que hay que recorrer para llegar a "Los Hornos", el lugar donde viven y trabajan las personas que vinieron de Bolivia. La mayoría de ellos vinieron en busca de trabajo y hace más o menos tres o cuatro años que están en la Argentina.
Ningún colectivo, ningún remis, ninguna ambulancia, entra hasta donde está ubicada la comunidad Boliviana. Algunas de estas familias tienen auto, otras una moto, pero la mayoría de ellos tienen que caminar durante algunas horas para llevar a sus hijos a la escuela.
Luisa Flores vino de Bolivia hace ya casi cuatro años. Ella y su familia viven en "Lo Hornos", y su marido trabaja allí fabricando ladrillos. Vinieron en busca de una vida mejor, porque allá en su país natal no tenían trabajo. Luisa tiene que salir a las 7.30 para llevar a su hijo mayor al jardín, camina una hora y media hasta llegar a las instalaciones del Jardín "Bernardino Rivadavia". Allí deja a Orlando, su hijo, y vuelve a su casa a hacer la comida y cuidar a sus otros pequeños. Pero, no alcanza a llegar, que tiene que salir a buscarlo de nuevo. A la vuelta, Orlando ya está cansado de tanto jugar y tiene hambre, así que Luisa vuelve en colectivo. Pero esta no es una gran solución ya que el colectivo la deja en la última parada que tiene en el barrio "Las Quintas", y ella tiene que caminar media hora hasta llegar a su casa. "A mi me gustaría que un colectivo llegue hasta la entrada de la comunidad, porque así todo sería más fácil y yo no tardaría tanto", relata con angustia Luisa.
"Nosotros vinimos a la Argentina hace casi cuatro años. Vinimos porque allá era todo muy caro para nosotros. Es muy difícil conseguir trabajo allá en Bolivia", cuenta Luisa mientras baja del colectivo.
En el recorrido hacia su casa, entre el guadal que hay en el camino y el calor insoportable que hace, ella explica que acá en la Argentina el clima es más húmedo y que allá es más seco, pero que igual pudieron adaptarse con facilidad.
"Tenemos a nuestra familia allá en Bolivia y los vamos a visitar algunas veces. Nosotros trabajamos acá y ellos allá. También tengo algunos familiares que están en Mendoza acá en la Argentina y a ellos los veo más seguido", dice Luisa con una sonrisa en su rostro.
Salud Olvidada
En este largo camino los árboles que hay no alcanzan a dar la suficiente sombra para cubrir a las personas mientras van caminando, ganan los rayos de sol que queman con mucha intensidad. En la mitad del recorrido, Luisa señala el dispensario Santa Clara, una salita de primeros auxilios que a ellos les queda cerca. Con angustia cuenta que ese lugar ya casi no está funcionando, que antes iba una pediatra una vez al mes, y ellas podían llevar a sus hijos para controlar que todo estaba bien, pero la especialista ya no asiste más al lugar.
Si en esta comunidad alguien se enferma tienen que pagarle a una ambulancia para que llegue hasta al lugar. Luisa no se explica porque es así, ella tiene una cobertura médica, pero de igual modo si necesita atención médica con urgencia tiene que pagar, a parte, sólo para que la ambulancia entre.
Niñez sin Juguetes
El rostro de Luisa está lleno de sudor, hace mucho calor y un olor terrible hay en el ambiente. Orlando cuenta que ese olor es porque mataron un perro y lo quemaron en una alcantarilla. Este hermoso niño de tan sólo seis años relata: "a mí me gusta mucho ir a la escuela porque juego con mis compañeros y con los juguetes. En mi casa no tengo juguetes, tengo solamente un auto que hice con un cajón de madera, pero como no tiene rueda no anda bien. A mí me gustaría tener una de esas topadoras que levantan la tierra". Estos niños no tienen otra actividad fuera de la comunidad más que ir a la escuela, ya que es muy largo el camino que tienen que caminar para salir de "Los Hornos".
Pago Miserable
El recorrido por el camino de guadal se termina. Ahora Luisa dobla a la derecha y entra a un sitio, esquiva un alambre que está en el piso y entra al lugar. Tiene que seguir caminando un poco más, pero ya está cerca de su casa.
"Acá trabaja mi marido. Con ese barro fabrican los ladrillos y en esos hornos queman las cosas. Él trabaja desde las seis o las siete de la mañana hasta la noche y se detiene sólo a almorzar", explica Luisa mientras señala cada cosa que nombra.
En "Los Hornos", el patrón es de Argentina pero el trabajo sólo lo realizan los hombres que vinieron de Bolivia. El pago que le dan por todas las horas de trabajo es de $100 semanales. Es muy poco en relación a otros trabajos con la misma carga horaria. Pero Luisa cuenta que no se van a trabajar a otro lugar porque es un gasto más grande. "Nosotros si nos vamos de acá tenemos que alquilar una casa y es difícil que nos den trabajo. Acá el patrón nos presta estas casitas y nosotros la pagamos con el trabajo. El dinero es algo poco, pero de la municipalidad nos dan un bolsón de comida y con eso, y el dinero que gana mi marido hago la comida", relata Luisa mientras amamanta a su hijo menor a quien lleva colgado en sus hombros en una especie de mochila llamada aguaio, algo muy típico de Bolivia.
Costumbres Propias
La vestimenta que usan en Bolivia varía de acuerdo a la zona geográfica del país. En la zona del Altiplano, por ejemplo, es común ver muchos colores, vestidos confeccionados con lanas de llamas, de oveja, de vicuña. En las zonas orientales, las mujeres llevan vestidos de una sola pieza llamados Tipoy. Estos son largos y de mangas cortas con bordes rematados de delicados encajes o lazos de colores. En Río Cuarto, estas vestimentas pueden verse en algunos bolivianos que viven en "Los Hornos". Luisa explica que la ropa típica la siguen usando pero que, más de todo, la usan para el 6 de Agosto. Ese día es el Día de la Nación en Bolivia y ellos, en la comunidad lo festejan con un desfile para no perder sus costumbres. Es lo único que festejan además de la Navidad. Luisa cuenta que allá en Bolivia festejaban el Día de la Madre Boliviana pero que acá no lo hacen más. El día del niño sólo lo festejan si en el jardincito los invitan a participar de algún homenaje que se haga.
A pesar de que algunas fiestas dejen de llevarse a cabo acá en la Argentina, estas personas tienen muy claro de dónde vienen y quiénes son. Tomaron algunas costumbres de nuestro país, pero no perdieron las propias. La mayoría de los niños de esta comunidad han nacido en la Argentina, pero sus padres se encargan de enseñarles e inculcarles el valor y la preservación de la música, la danza y las fiestas típicas de Bolivia.
Cuando se les pregunta a los integrantes de esta comunidad como viven ellos responden que bien. Es cierto que el sueldo que tienen es muy poco y que a veces no les alcanza para comer todo el mes. Pero también es cierto que ellos vinieron en busca de una vida mejor, en busca de trabajo, en busca de algo que allá en Bolivia no conseguían y que acá, según ellos, lo lograron. A pesar de que tienen que caminar mucho tiempo para llegar a la escuela de los chicos, de que ansíen que algún colectivo llegue hasta la comunidad, ellos viven en familia y se los ve felices acá en la Argentina.