“El arte en madera no es solo una técnica, es una forma de contar historias, de expresar lo que sentimos, de dejar algo más allá de nuestra obra,” comentó Sergio Rodríguez, escultor y artista plástico de Adelia María. Desde hace siete años, se dedica a dar vida a sus emociones a través de la madera, una pasión que ha ido más allá de su formación inicial como metalúrgico y electricista.
Adelia María es un lugar que, en las palabras de Rodríguez, “te llena el alma”. Un pueblo que, gracias a su gente y a la historia que contiene, se ha convertido en el lugar ideal para la expresión de su arte. El escultor ha viajado por distintas partes del país y, sorprendentemente, también en Uruguay, donde ha dejado su huella con impresionantes obras en localidades como Cazupá y la Barra del Chuy. Sin embargo, es en su localidad natal donde ha creado algunas de sus piezas más queridas, como una monumental virgen en honor a su madre, una obra de gran tamaño que mide más de tres metros y que, como él mismo dice, “tiene un significado muy especial, primero para mi mamá, que fue manzanera de la parroquia.”
Una de sus obras más conocidas es una cruz dedicada a los veteranos de la Guerra de Malvinas. “Lo hice con un sentimiento muy profundo, representando a los que fueron, a los que quedaron, y todo lo que significa esa lucha,” reveló Rodríguez. La cruz, que lleva la fecha de los cuarenta años de la guerra, incorpora elementos simbólicos como un fusil y un casco dentro de un borrego, homenajeando a los soldados caídos y vivos.
El arte de Rodríguez no es solo una cuestión técnica, sino una forma de comunicarse con su comunidad. Cada pieza tiene un mensaje profundo, como la mano de Dios esculpida en un tronco que sostiene el mundo, una obra que nació en tiempos difíciles, en medio de la pandemia. “Era un momento de mucha convulsión, y sentí que mi arte podía transmitir esperanza,” explicó. La obra, que se encuentra en la iglesia Nuestra Señora de la Merced, representa el apoyo divino a la humanidad.
Sergio Rodríguez no es solo un artista, sino un hombre profundamente comprometido con su comunidad, con la cultura y con el legado que deja a las generaciones futuras. “La gente de Adelia María valora mucho el arte. Y eso me da una motivación enorme para seguir creando,” concluye.
A través de sus manos y su motosierra, Rodríguez ha logrado trascender las barreras de la madera, convirtiendo cada obra en un relato, un homenaje y un legado de su tiempo, de su pueblo y de su pasión.
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Por Natalia Reineri
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