Esta joya modernista parece salida de la mente de Gaudí, pero ni la diseñó él ni está en Barcelona, sino en la cercana ciudad de Terrassa, población clave de la Revolución Industrial en Cataluña donde floreció un modernismo menos turístico pero igual de fascinante que el de Barcelona. La Masia Freixa es una de esas joyas modernistas que quedan fuera de los circuitos turísticos, pero que te deja boquiabierto cuando te la encuentras por sorpresa en mitad de un parque. Arcos parabólicos, techos ondulantes, blancura resplandeciente y una torre que parece sacada de un cuento de hadas: nada mal para un edificio que, originalmente, fue una fábrica textil.
La historia de esta maravilla comienza a finales del siglo XIX, cuando el industrial Josep Freixa reconvirtió su antigua fábrica de hilatura en residencia familiar. Encargó la transformación al arquitecto Lluís Muncunill, el gran nombre del modernismo en Terrassa, quien dio rienda suelta a su imaginación: columnas como palmeras, curvas por todas partes y una estructura innovadora en bóveda catalana. El resultado es una especie de oasis arquitectónico que, más allá de su estética, resume una época: la de los industriales catalanes que, tras enriquecerse con el textil, querían dejar su huella construyendo casas que fueran obras de arte.