Con muerte de Lalo Pinasco la ciudad pierde a uno de los tipos más brutales por su honestidad intelectual. Quiero decir, charlar con él imposibilitaba vender humo y acomodar el discurso. Lalo tenía su visión de la realidad y no negociaba su forma de pensar. Era vehemente, pero caballero y te rebatía con ejemplos y hechos históricos. Lo conocí por la literatura y cada tanto me invitaba a su mesa de café y una tarde hablábamos de libros y de autores, otra de acuarelas, de artistas plásticos, y otra de música, de viajes, de su motor home y de sus soledades sensibles.
Claro que estaba molesto. La cultura oficial de los años recientes le dio la espalda. Se de sus frustraciones. El responsable de la cultura de Río Cuarto nunca tuvo tiempo para atenderlo. Quería donar una de sus estatuas a la ciudad. Pero había un gran problema, Lalo no aceptaba el relato preponderante y por lo tanto no merecía espacio ni lugar. Como hace mucho la policía del pensamiento local nunca aceptó a los que apuestan a la independencia.
Siempre cuento que Lalo me permitió compartir varias charlas con el maestro Guevara. Escuchar ese dialogo sabio, prudente, profundo, creativo fue una las experiencias más ricas con el arte. Guevara que vivió en Villa Dolores y en el tiempo final tuvo momentos muy difíciles, hablo de salud y de finanzas, era recibido generosamente por Lalo. Lo hospedaba en su departamento, lo protegía, lo ayudaba y escuchaba al poeta y sus compromisos. Es seguro que había mucha distancia política entre ellos. Pero así era el Lalo que yo conozco y que mucho progresismo sectario anula y evita.
La grandeza de los grandes se muestra en hechos simples. Verlos compartir mates en el departamento de la calle Constitución, escuchar las historias, sentir la fluidez del castellano, todo lo bueno de estos artistas andaba por ahí. Y tuve la suerte de ser testigo.
De Lalo podría también contar que fue el mejor locutor de la radiofonía local y un galán de la dramaturgia porteña, pero claro sería hacer una narración interminable y para vidas tan ricas, el mundo de estos tiempos no tiene tiempos…